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La Defensa de Oviedo

EL SITIO DE OVIEDO

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OVIEDO

OVIEDO - 1936

El día 17 de julio, cerca de la media noche, tuvo el Coronel Aranda noticias del Alzamiento en  Marruecos; y vista la escasez de fuerzas ordenó que durante el día 18 realizasen la  concentración sobre sus cabeceras las ocho Compañías de la Guardia Civil existentes en  Asturias, cada una de cerca de 180 hombres.

 

El día 18 inundaron Oviedo las Milicias comunistas y socialistas en número de unos 3.000 a 4.000 hombres, todos armados de pistolas, y con 300  o 400 fusiles y alguna ametralladora de las armas escondidas en 1934. Consultado el Coronel  Aranda por el  Gobernador civil sobre la conveniencia de enviar algunos contingentes mineros  a Madrid, se manifestó propicio a ello, a fin de librar a la población de esas masas y dar lugar a  concentrar sus fuerzas, con la seguridad de que no irían  muy  lejos, faltos de armamento y  de mando capaz, y teniendo que atravesar toda Castilla, que se sabía adicta al Movimiento. 

Dirigidos y encuadrados por Oficiales de Asalto, salieron aquel día unos 2.000, parte en tren,  parte en autobuses requisados, con el armamento precario antes citado, mucha dinamita y  unos 200 mosquetones más que les facilitó el Grupo de Asalto, quedando en Oviedo 3.000 o  4.000 esperando armamento y transportes.

Este día 18 se  dio reservadamente a la Guardia  Civil la orden de incorporar a Oviedo siete Compañías, y a Gijón, la octava de su  demarcación. El Coronel Aranda fue sigilosamente a Gijón y Avilés para pulsar la situación, trayendo malas impresiones sobre las fuerzas de Asalto de Gijón y las de Carabineros de Avilés, cuyos Jefes  eran francamente republicanos.

El día 19, a las seis horas y diez minutos, llamó el General  Mola desde Pamplona al Coronel Aranda, comunicándole la iniciación del Movimiento en  Navarra, a lo que éste contestó que se sumaría en cuanto llegase a Oviedo la fuerza en marcha.

De la Coruña, Jefatura de la Región militar (General  Salcedo), ni  preguntaron nada ni  dieron  orden  alguna. Durante la mañana, los Comités del Frente Popular de Gijón y  Oviedo requirieron la entrega del armamento al pueblo (10.000 fusiles, 200 ametralladoras, 100 fusiles  ametralladores y 2.000.000 de cartuchos). Ante las excusas dadas, pidieron a Madrid se  presionase sobre el Coronel Aranda y, sucesivamente, el  General  Castelló, el General Miaja y  el Teniente Coronel Sarabia, en nombre de Azaña, reiteraron la orden, que, en  definitiva, se  recibió por telégrafo a las 16,30 del 19, en el Gobierno civil. Informado el Coronel Aranda de  haber llegado a Oviedo seis Compañías de la Guardia Civil, creyó llegado el momento de  actuar, y se evadió del Gobierno civil.

Trasladándose a la Comandancia militar, dió la orden de  preparar las fuerzas y marchó al Cuartel de Pelayo para tomar el mando. Antes dió por  teléfono al Comandante militar de Gijón la orden de ocupar en los alrededores de la ciudad las  posiciones previstas para dominarla, y el  Coronel  Franco, Director de la Fábrica de Trubia y  Jefe de la guarnición, recibió la orden de defenderla, hasta donde fuera posible y volarla antes  de entregarla. El Comandante militar de Gijón acógió la orden con absoluta conformidad, y el  Coronel Franco ofreció garantizar la defensa, pero opuso reparos a inutilizar la fábrica, por lo  que fue reprendido y reiterada la orden.

Una vez en Pelayo, el Comandante militar trató, en primer lugar, de atraer al Movimiento a  la  única fuerza sospechosa, el Grupo de Asalto, por su mando netamente republicano, y para  lograrlo llamó al Comandante Caballero, que sabía estaba oculto en Oviedo, y le comisionó  para  sublevario y ocupar los centros civiles de mando y transmisiones de la población. Dicho  Jefe logró apoderarse del cuartel e inutilizar a lo  Oficiales y  soldados  republicanos. En la  Central de Telégrafos llegaron a estar frente a frente las fuerzas de la Guardia Civil y Asalto;  pero se evitó la rotura del fuego, hasta que, dominados los Oficiales republicanos de Asalto,  sus fuerzas se sumaron al Movimiento. Al mismo tiempo, las fuerzas del Ejército ocupaban  posiciones sobre las carreteras de Gijón y Santander.

El pánico de los elementos republicanos de Oviedo al conocer la sublevación del Ejército fue  indescriptible: todos los lugares céntricos quedaron cubiertos de camisas, corbatas, insignias y  hasta de armas de los milicianos y simpatizantes, que huyeron de Oviedo en todas las formas  posibles tiroteando a la salida el Cuartel de Pelayo, donde suponían, se hallaba el Mando  militar. Con escasa resistencia fueron ocupándose los Centros oficiales y posiciones cercanas  a  Oviedo. El Gobernador civil se negó a rendirse, procurando organizar la defensa del Gobierno  civil, y sólo se entregó cuando le abandonaron las fuerzas de Asalto que tenía consigo. De la  Guardia Civil llegaron a Oviedo seis Compañías, pues la de La Felguera se concentréó e hizo  fuerte en su cuartel. La Compañía de Gijón se concentró sobre la capital.

A las diez de la noche, Oviedo era ya de España y estaba protegido. El Comandante militar se dirigió a Radio Asturias, y desde allí lo participó al pueblo de Oviedo, solicitando su cooperación y ofreciendo armas aquella misma noche a cuantos lo deseasen, repartiéndose unos 1.000 fusiles. Poco después participó el resultado al Coronel Pinilla, Comandante militar de Gijón, quien manifestó se había reunido la Oficialidad y acordado no salir con las fuerzas de los Cuarteles de Simancas y Zapadores del Coto,   para evitar se promovieran fuertes disturbios.

Sorprendido el Coronel Aranda por esta decisión inesperada, le reiteré la orden desalir cuanto antes a ocupar la población, representándole los perjuicios que el no hacerlo, o simplemente retrásarlo, ocasionaría, ya que las masas rojas estaban prevenidas y reforzadas por las de La Felguera.

Así lo realizó a la mañana siguiente, con resultado negativo por defección de algunos mandos y, sobre todo, por falta de oportunidad en la ejecución, quedando las fuerzas encerradas en sus cuarteles y la cárcel del Coto. La Compañía de Asalto se pasó a los rojos y encuadré la acción de sus masas. El Coronel Franco, Director de la Fábrica de Trubia, de acuerdo con un enviado de Azaña, Comandante Ayza, y utilizando partidas de mineros armados, desarmó con engaños a la Compañía de Infantería de guarnición, y se pasó por completo a los rojos.

En la noche del 19 al 20, se comunicó al General Mola la ocupación de Oviedo y la adhesión al Movimiento. No se tenía noticia alguna verdadera de lo que ocurría en España.

2.- PLANEAMIENTO  DE  LA  DEFENSA

La defensa de Oviedo se estudió como parte de la custodia de una base formada por el triángulo Gijón-Avilés-Oviedo, con el anexo, de Trubia, desde la cual se irradiase una acción pacificadora al resto de la provincia, partiendo del principio de ser indefendibles las comunicaciones con León, con las fuerzas disponibles, y más fácil asegurar las marítimas, como ya ocurrió en 1934. Se consideraba a la región de Oviedo como centro de la acción ofensiva, por las siguientes razones:

A) Ser el principal centro de comunicaciones.

B) Contener la totalidad de las reservas de armamento (fábricas de Oviedo y Trubia), explosivos (fábricas de La Manjoya y Llanera) y metales (Lugones).

C) Ser la residencia del Mando civil y militar y de las fuerzas militares principales.

La acción de Oviedo comprendía:

1º Creación de unas líneas de fortificación ligera de campaña que garantizasen la ciúdad contra un enemigo irregular.

2º Constitución de una fuerza móvil que actuara sobre la cuenca minera, principal foco de rebeldia y sostuviese Trubia.

Las fuerzas de Gijón y Avilés protegerían las poblaciones respectivas y guardarían las comunicaciones entre sí y con Oviedo. Trubia se bastaría a su defensa, al menos en los primeros momentos, con su destacamento especial de custodia. Las fuerzas con que se creía contar al planear la defensa eran unos 6.000 soldados y 1.000 paisanos, con dos baterías. El advenimiento del Frente Popular produjo las disminuciones siguientes: Repatriación a Marruecos de las dos Banderas del Tercio. Disolución del Escuadrón de   Caballería del Ejército de Avilés. Relevo de algunos mandos de las fuerzas de Asalto y Carabineros, por otros afectos a los rojos. Reducción de la Guardia Civil a unos 1.300 hombres. Disolución de las Organizaciónes civiles opuestas al Frente Popular, que sumarían unas 1.000 personas combatientes, y persecución de los probables adictos al Movimiento. Licenciamiento de un 40 por 100 de las fuerzas del Ejército sobre los permisos de verano.

Así, las disponibles quedaron reducidas a éstas: Regimiento de Simancas, en Gijón: un solo batallón en armas con unos 550 hombres. Regimiento de Milán, en Oviedo: un solo batallón en armas con unos 460 hombres, de ellos, 60 en Trubia y 400 en Oviedo. Un grupo de dos baterías en Oviedo, con 200 hombres. Un batallón de Zapadores en Gijón, con 180 hombres. Ocho Compañías de Guardia Civil, con 1.300 guardias. Cuatro Compañías de Asalto: una en Gijón, con 140 hombres, y tres en Oviedo, con 276 hombres. Mandos, muy rojos. Una Comandancia de Carabineros con 300 hombres, con mandos y personal de todas las ideologías. Total, 3.200 soldados y 1ooo paisanos, con dos baterías.

No había posibilidad de movilizar una importante cantidad de reservistas o voluntarios, porque la gran masa de la población obrera y campesina era, más o menos, roja, o estaba tan alejada y dispersa, que no podía contarse con ella en los primeros momentos, que serían los decisivos.

En vista de todo ello, se proyectó: defender Gijón y sus comunicaciones con Oviedo, a base del Regimiento de Simancas, el Batallón de Zapadores y una Compañía de la   Guardia Civil, defender Trubia con sus medios y la Compañía de Infantería del Regimiento de Milán, allí destacada, defender Oviedo con 400 paisanos movilizados, cinco Compañías de la Guardia Civil y una batería de obuses de montaña de 105 mm. En total, 1.350 hombres.

Formar en Oviedo una columna que acometería la tarea de reducir la cuenca minera, a base de:

Regimiento  de  Milán ………………………...400  hombres.

Dos  Compañías  de  la  Guardia  Civil.….270

Un  Grupo  de  Asalto ……………………....….270

Una  batería  de  105 ………………………......100

Refuerzo  de  paisanos  movilizados ….….600

TOTAL................................................1.640  hombres.

El día 20, al quedar dominada la situación en Oviedo y conocer noticias de Asturias y España, la situación era la siguiente:

La ocupación de Gijón había fracasado: las fuerzas estaban encerradas en los cuarteles, sin potencia ofensiva. Trubia estaba en poder de los rojos, por traición de su Coronel. El resto de Asturias era rojo y se preparaba al   ataque de Oviedo y cuarteles de Gijón. En León, triunfaban los Nacionales; pero carecían de fuerza para actuar en Asturias. En Galicia se mantenía indecisa la situación, que   no se aclaró hasta el día 21, no pudiendo esperarse una acción enérgica inmediata. (Comenzó el 3 de agosto.)

Se conocía la caída de Madrid, Valencia, Barcelona, etc., en poder de las fuerzas gubernamentales, lo que quitaba al Alzamiento toda esperanza de resolver la situación por medio de un golpe de mano rápido; no se trataba, como en 1934, de dominar focos aislados sin encuadramiento militar ni buen armamento, sino que había de afrontarse una guerra civil, ya que el llamado Frente Popular en los primeros momentos, disponía de la masa mayor de hombres, de los grandes depósitos de armamento y de los centros industriales, así como de bastantes cuadros técnicos militares y, por añadidura, del dominio casi absoluto del mar y del aire.

Las fuerzas de Asturias, ya pequeñas, quedaban inicialmente disminuidas en toda la guarnición de Gijón:

Una Compañía de Infantería del Regimiento de Milán, de Trubia; una Compañía de la Guardia Civil de La Felguera, que no llegó a Oviedo, y toda la Comandancia de Carabineros de Asturias, menos cuatro Jefes y Oficiales y 14 hombres. De los   1.000 paisanos que se pensaba alistar en Oviedo, acudieron 100 llamados como soldados de cuota, que formaron una quinta Compañía del Regimiento de Milán, y 1.000 que   recibieron armas en la noche del día 1 en el Cuartel de Santa Clara, pero de los cuales no prestaron servicio de armas en el frente más que unos 600, encuadrados en las   fuerzas militares. Había en Oviedo 42.000 habitantes civiles, de ellos 8.000 en estado de tomar las armas.

Hubo, pues, que variar el plan de acción, optando por otro más modesto que se basaba en:

Defender Oviedo con:

Dos  Compañías  de  Milán ……………………...…..200

Cinco  Compañías  de la  Guardia  Civil ………...900

Una  Compañía  de  Asalto ……………………………100

Una  batería ………………………………………………....100

...................................................................1300 hombres

Actuar  ofensivamente  con  el  resto

Tres  Compañías  de Milán ……………………………..450

Dos  Compañías  de  Asalto …………………………….300

Una  Compañía  de  la  Guardia  Civil ………………100

Una  batería ……………………………………………...……100

.....................................................................950 hombres

Se disponía de:

Dos millones de cartuchos de fusil y ametralladora. Dos mil granadas de mano. Cuando se consumieron se fabricaron de dinamita a razón de 5oo diarias. Ciento cincuenta disparos de, mortero de 81 mm y 3.000 de 50 mm. Se dispuso de dinamita abundante, traída de la cuenca minera por la Guardia Civil.

Las transmisiones se aseguraron con una radio automóvil militar, que se instaló en el Cuartel de Pelayo, y otra particular en el puesto de mando (Fábrica de Armas), que se denominó Radio Asturias Victoriosa.

La actitud de una gran mayoría de la población era tan dudosa, que ante la imposibilidad de evitar en absoluto que huyese quien quisiera, ni su comunicación con el enemigo, el Comandante militar autorizó por radio a salir de la plaza a quien lo solicitara de los no combatientes, a reserva de tomar con ellos las medidas oportunas a su regreso, una vez dominada Asturias.

3.- ELECCION  DE  LA  LINEA DEFENSIVA  DE  OVIEDO

Oviedo está situado. en la divisoria entre los ríos Nora y Nalón, que casi lo cercan a distancia de 4 a 6 kms.; así, su término municipal forma, en líneas generales, una   especie de península con gola de fácil cierre, y constituye, por consiguiente, una fortaleza natural, de la que Oviedo viene a ser la plaza de armas, tanto más cuanto que suelen ser pocos y difíciles los pasos de ambos ríos.

Sin embargo, el alcance eficaz de la actual artillería de campaña hace que, caso de pretender evitar el bombardeo de la población, hubiera sido preciso alejar la defensa a un mínimo, de 10 kms. en línea recta, saliendo de la península citada hacia las posiciones de Escamplero, Santofirme, Trubia, Noreña, Sierra de Paranza, Pico Agudo, Morcín y Ribera de Arriba. Esto llevaría a una, línea exterior de 70 a 80 kms. de desarrollo, que aun suponiendo no fuera continua (lo que no depende de la voluntad del defensor, sino de la fuerza del atacante), exigiría fuerzas proporcionadas a las enemigas. El recinto de la península, jalonado por las posiciones del Naranco, Sograndio, Pando de Manzaneda, La Grandota y Lugones, tiene un desarrollo de 40 a 50 Kms. Por último, una línea que, apoyándose en la arista del Naranco y San Esteban de las Cruces, cerrase por el Picayón y Ventanielles, tendría de 25 a 30 kms. Como el enemigo tenía de 6.000 a 7.000 buenos combatientes, susceptibles de crecer hasta 15.000 a 20.000, y se disponía tan sólo de una pequeña Brigada de 2.300 hombres, compuesta de fuerzas heterogéneas, en parte improvisadas, fue obligado ocupar una línea aún más reducida   que, en su origen, tuvo 16 kms. de desarrollo y llegó a alcanzar 19 Km. por sucesivas ampliaciones. Sin duda, la cantidad de las fuerzas precisas para defender una línea o   plaza no son fijas, ni tampoco exactamente proporcionales a su desarrollo y fuerzas atacantes; pero ciertamente han de guardar un equilibrio con ellas, según la misión que se señale a la defensa. En las plazas sitiadas ha de contarse, además, con la necesidad de forzar, hasta cierto punto, la proporción de las reservas, por la imposibilidad de reponer las bajas. En el caso concreto presente, no podían ni debían observarse los preceptos de la guerra regular, ya que la calidad del enemigo probable aconsejaba amoldarse a sus especiales condiciones morales y materiales. Si siempre la guerra es, ante todo, el choque de dos voluntades, y lo esencial es imponer la propia cuanto antes, en Oviedo (como en toda España) la lucha era más bien espiritual, y hubo que prescindir en gran medida de los preceptos técnicos, mientras la lucha fue esencialmente del espíritu contra la materia, y cuidar ante todo de sostener la moral a toda costa, ya que en el terreno puramente material no había en esa época solución aceptable. Estrechar más el perímetro para obtener una densidad conveniente hubiera llevado desde el primer momento a la lucha en la ciudad y, seguramente, al rápido y desastroso final de todos los casos análogos. La solución adoptada es, a primera vista, fácilmente criticable en el terreno teórico profesional; pero bien meditado el problema, valoradas las posibilidades del armamento y las condiciones de los Jefes y las fuerzas propias y contrarias, no se halló otra en que se compensasen mejor las ventajas y los inconvenientes.

Se ha comentado mucho la influencia de la Sierra del Naranco en la defensa de Oviedo. Ese sistema montañoso, especie de reborde de la Península en su frente Norte, tiene 7 Km. de longitud en la cresta, una altura entre 500 y 660 metros y se halla de 2 a 6 kms. de Oviedo, que está situada entre los 220 y 260 metros de altitud. La dominación táctica es tan absoluta, que todo plan de defensa regular a base de contar con fuerzas suficientes, debe comprenderle en todo o en parte, y así se ha efectuado en el examen anterior; pero en el caso especial de Oviedo en 1936, la debilidad de las fuerzas no permitía ocuparlo, ya que exigía un mínimo de dos batallones (mitad de la fuerza disponible) para un solo frente (1,5) de la línea total; y así se vio después, de noviembre del 36 a octubre del 37, en que se necesita ron de cuatro a seis batallones de fuerzas magnificas para sostenerse difícilmente, sin ocuparlo totalmente. Por estas causas, la línea se estableció en dos contrafuertes bajos del Naranco hacia Oviedo: uno, el de la Cruz y el Canto, a 1.ooo metros de distancia y 313 de altitud, y otro, el de Pando, a 6oo metros del Cuartel de Pelayo y 230 metros de altitud, que permitían alguna defensa en profundidad y llenaron su misión perfectamente, ya que el enemigo no pudo nunca rebasar la línea férrea de Gijón y se conservó hasta el final la zona de los Ferreros (Cárcel) y la loma de Pando, últimamente citada (cota 230,4). La cresta y pendiente sur del Naranco resultaban separadas de nuestras posiciones por los fosos naturales del Arroyo de Vaqueros y orígenes del de San Claudio, y estaban bien vistas y batidas, desde el Depósito de Aguas, la loma del Canto, los Ferreros y loma de Pando, y todo intento de despegue del enemigo le fue por ello costosísimo. Sólo mediante concentraciones rápidas e intensas de artillería ejecutadas a 1.200 metros de distancia, y utilizando bases de partida situadas al pie del Naranco, y ocupadas de noche, le fue posible a la infantería enemiga llegar a la posición del Canto a los setenta y cinco días de sitio, y a pesar de ello tardó tres días en alcanzarla, llegando tan exhausto que, cuando convino a la defensa, se evacuó sin persecución a posiciones inmediatas (San Pedro de los Arcos y Central Eléctrica del Naranco).

La línea adoptada constituía un cuadrilátero cuyos vértices eran las posiciones principales de la Cruz, Cadeliada, Cementerio y Depósito de Aguas; geográficamente estaba formada por dos espolones del Naranco, Cruz y Pando; el extremo de la divisoria, entre el Arroyo de San Claudio y el de la Vega (Depósito); la cresta de la divisoria, entre el Arroyo de la Vega y el de Santullano (Cementerio), y la divisoria, entre el Arroyo de Santullano y el de Vaqueros (Cadellada). Las distancias extremas al casco de Oviedo oscilaban entre una máxima de 1.000 metros para el Cementerio, una media de 1.ooo a 1.200 metros, para la Cruz, el Depósito y la Cadellada, y una mínima de 6oo metros para la loma de Pando, cubriendo todos los fuegos de ametralladora, por su situación y altitud, el frente de la población más cercano: Al mes de iniciado el sitio, resultó conveniente avanzar entre 500 y 1.0oo metros algunos salientes, para ganar observatorios y evitar fuegos flanqueantes del enemigo; al primer objetivo respondieron las ocupaciones del Picayón (Campón) y Ventanielles, y al segundo, la de Abulí. Los intervalos fueron fortificándose a medida que lo hizo preciso el ataque enemigo, empezando por simples puestos de enlace o cerramientos de caminos, para terminar en posiciones fundamentales cuando, fracasado el ataque a los salientes, acudió el enemigo a buscar su estrangulación por presión en los intervalos y entrantes.

El trazado de la línea fue estudiado meses antes del Alzamiento para efectivos propios superiores a los que luego realizaron su defensa: se ajustó a la necesidad de explotar nuestra superioridad en moral y armas automáticas frente a la superioridad en número y artillería del enemigo, y llenó su finalidad resistiendo noventa días a costa de un 70 por 1oo de bajas propias (2.300) y causando 14.000 al enemigo. Más adelanté se formó una segunda línea delineada sobre poco más o menos por el caso de la población, con la finalidad de apoyar la primera (con la que tenía menos puntos de contacto en sus entrantes) y aislar mejor del enemigo a la población civil. Se guarneció con el Batallón de Voluntarios de Oviedo, compuesto de hombres de cuarenta y cinco a sesenta años, que al final se batió gloriosamente en el último y único campo de la lucha. Esta segunda   línea se ceñía al casco de la población, siendo sus posiciones principales: Fábrica de Armas (donde estaba el puesto de mando de la plaza), Cuartel de Pelayo (depósito de municiones y Centro le transmisiones), Cuartel de la Guardia Civil, Cárcel celular, San Pedro de los Arcos, finca de D. Melquiades Álvarez, Fábrica de Electricidad del Fresno, conventos de Dominicas y Adoratrices y convento de Santo Domingo. Entre la primera y segunda línea se organizaron algunas posiciones de enlace y apoyo, como las del Matadero, Transformador del Naranco, Plaza de Toros, Asilo de Huérfanos, Antiguo Depósito de Aguas, Mesetas de Catalanes y la casa del Caño del Águila, que en su mayoría constituían los puestos de mando de los sectores. La línea exterior careció casi siempre de posiciones avanzadas; sus posiciones principales fueron unidas por cortinas fácilmente vigilables, que seguían en lo posible las líneas naturales y despejadas del terreno, como el camino de Viliafría, la línea de cambio de pendiente del Naranco, los bordes norte y sur de la loma del Depósito de Aguas y los bordes este y oeste de la loma de San Lázaro al Cementerio; por ello, las posiciones principales del Depósito de Aguas, el Cementerio y la Cadeliada resultaban muy salientes, lo que, si bien las dejaba algo aisladas, permitía, en cambio, dado lo reducido de las distancias (2.000 metros) y la cantidad de ametralladoras disponibles, batir perfectamente los intervalos. A medida que el enemigo fracasó en sus ataques a los salientes, especialmente en los días 8 y 9 de septiembre sobre el Cementerio, fue tanteando los intervalos, y éstos fueron nutriéndose de puestos y posiciones intermedias, guarnecidos a costa de los nuevos elementos creados para la defensa (Batallón de Voluntarios de Oviedo y Harca) y de las reservas. En la fase final, cuando sólo había 500 defensores útiles y 100 heridos para defender 8 kms. de frente, fueron organizados cinco reductos en la Fábrica de Armas, Cuartel de Pelayo, Cuartel de la Guardia Civil, Diputación provincial y Ayuntamiento, de los cuales sólo llegaron a utilizarse la Fábrica y el Ayuntamiento.

4.- FORTIFICACIÓN

Su organización en principio fue sumaria y limitada a la improvisación de frentes de fuego en las edificaciones más apropiadas. Inmediatamente se relegó el fuego de fusil a la defensa próxima y se desarrolló un plan de fuegos de ametralladora, empleando estas armas por parejas, al principio en edificios y después en pozos protegidos, situando cada máquina en los extremos de una trinchera quebrada de 15 a 30 metros, con perfil para tirador en pie, sin banqueta. En los primeros días, las protecciones se limitaron a lo preciso para sufrir el fuego de mortero de 50 y 81 mm.; pero a medida que intensificó el enemigo el uso de la artille ría, obligó a abandonar los edificios, cuya mayoría no protegía eficazmente, a profundizar las trincheras, dotándolas de saneamientos y banquetas, y a aumentar el espesor de las protecciones con carriles y tierra. La Aviación enemiga influyó muy poco en el carácter de la fortificación, pues rara vez atacó las posiciones y nunca con ametralladora o bombas potentes, limitándose en los ataques generales a batir los caminos de acceso, eligiendo casi siempre como objetivo los cuarteles y edificios donde suponían alojada la guarnición, y el barrio moderno cercano a la Escandalera y el Parque de San Francisco, por odio a la burguesía que lo habitaba. El afán agresivo era tan extremado, que los aviadores rojos, cuando carecían de bombas, arrojaban proyectiles de artillería, paquetes de granadas de mano y hasta adoquines, naturalmente poco eficaces. La gran escasez de alambradas limitó las defensas accesorias a algunos caballos de frisa tendidos ante las posiciones principales. Las minas fueron usadas contra los camiones blindados, pero sólo sobre las carreteras y calles y en número reducido, siendo generalmente de tipo automático y excepcionalmente con mando a distancia. El trazado consistió generalmente en lunetas de 20 a 50 metros de longitud, armadas con 2 a 4 ametralladoras y separadas por intervalo de 100 a 200 metros, según el terreno. Las posiciones principales se constituían con varias lunetas escalonadas en los flancos defensivamente y apoyadas en un reducto. Siempre se compartimentaron cuidadosamente las posiciones principales, y a ello se debió el éxito en los contraataques. Faltaron en absoluto las fuerzas y material de las Unidades de Zapadores, por lo que las líneas hubieron de ser proyectadas y construidas por los mismos ocupantes, con útiles de ocasión. Cuando se hizo precisa la ejecución de trabajos de fortificación importantes, que exigían dirección y especialistas de mayor tecnicismo, se constituyó una Agrupación de trabajadores civiles seleccionados, que resolvió arduos problemas técnicos con escasísimos medios y recibió por su extraordinaria eficacia y espíritu el nombre de Sección de Empuje, la que en el período final se batió bravamente en las posiciones más avanzadas, sucumbiendo heroicamente en su casi totalidad.

5.- ORGANIZACIÓN DEL TERRENO Y DISTRIBUCIÓN DE LAS FUERZAS

El terreno fue organizado, en principio, en cinco sectores:

1.   Pando. Posición esencial para la protección dos Cuarteles de Pelayo. (Infantería) y Guardia Civil. Guarnición: Una Compañía de cuotas del Regimiento de Infantería de Milán (150 hombres). Jefe: Capitán de Infantería Janariz (muerto en Guadalajara).

2.   Cadellada. Posición principal, que mandaba las carreteras de Gijón y Santander y protegía el Cuartel de Artillería y el Matadero. Guarnición: Una Compañía del Regimiento de Milán (10 hombres). Jefe, Capitán Soto, herido.

3. Cementerio. Posición principal que cubría los accesos de las carreteras de León y de la Manjoya. Guarnición: Una Compañía de la Guardia Civil y voluntarios, con 250 hombres. Tuvo varios Jefes de la Guardia Civil y de Infantería, por virtud de los relevos; entre ellos, el Comandante Bruzo, herido en el sitio y luego muerto en el Alfambra; el Comandante Bozzo, herido, y varios Comandantes y Capitanes de la Guardia Civil.

4.   Depósito de Aguas. Buenavista Posición principal sobre la carretera de la Coruña y el valle de la Manjoya. Guarnición: Una Compañía de 50 guardias civiles y voluntarios. Turnaron como Jefes, varios de Infantería y Guardia civil.

5.   Canto. Posición principal para contener los ataques procedentes del Naranco, con su avanzada de la Cruz. Guarnición: Una Compañía de la Guardia Civil y voluntarios, que empezó con 50 hombres y luego subió a 120.

Los intentos de filtración enemigos obligaron después a crear sectores intermedios de cierre y enlace, y así nacieron:

Argañosa. A base de los talleres del ferrocarril del Norte y barrio de la Argañosa. Guarnición: Una Compañía de Asalto y voluntarios de 1oo hombres. Jefe, un Oficial de Asalto.

Villafría. Carretera de enlace entre las de León y Santander, jalonada de hoteles y fincas de recreo. Guarnición: 80 hombres, guardias civiles y voluntarios. Jefe, un Oficial variable del Ejército.

Mercadín. Barreamiento de la carretera a Santander. Guarnición: Una Sección de Voluntarios y Guardia Civil, de 80 hombres. Jefe, Capitán Santiago.

Cárcel Celular. Enlace del Canto con Pando. Guarnición: Una Sección de Guardias Civiles y Voluntarios, de 50 hombres.

La cifra total era de 1.230 hombres para la guarnición de las líneas. Los sectores comprendían, al principio, la primera y segunda líneas. Cuando las posiciones de primera   línea y sus enlaces precisaron de mayor densidad, absorbieron los efectivos de la segunda línea, siendo reemplazados en la mayor parte de ésta por el Batallón de Voluntarios, formado con Oficiales y paisanos de más de cuarenta años, pertenecientes en su mayoría a la clase media y que combatieron tan esforzadamente, que perdieron más de dos tercios de su efectivo.

Como reserva quedaron:

Tres  Compañías  del  Regimiento  de  Infantería  de Milán

Dos  Compañías  de Asalto

Una  Compañía  de  la  Guardia  Civil

Dos  baterías  de  Montaña  de  105  mm. (7  piezas)

Tortal 900 hombres

El 1º de septiembre, las bajas sumaban 800 hombres; pero la creación del Batallón de Voluntarios, de hombres de más de cuarenta años, con unos 600, enjugó el déficit y el número de unidades continuó invariable. A consecuencia de los ataques al Cementerio en 8 y 9 de septiembre, se sufrieron otras 300 bajas y fue preciso embeber en la defensa la totalidad de las reservas, recobrándose poco después tres Compañías (dos del Ejército y una de Asalto) que se reconstituyeron y conservaron hasta el 4 de octubre; del 4 al 12 de octubre se sufrieron de 100 a 150 bajas diarias y se embebieron nuevamente todas las reservas en la única línea de defensa, improvisándose pequeños núcleos de reserva a basé de los restos de guarniciones replegadas y personal de servicios civiles o militares, ya innecesarios, y así surgieron secciones o núcleos combatientes de intendencia, conductores de automóviles, guardias civiles, serenos, guardias municipales y bomberos.

Merece párrafo aparte la llamada Harca de Oviedo. Cuando, mediado el sitio, empezaron a señalarse lugares peligrosos en los intervalos de las posiciones principales, se reunió un grupo de voluntarios que cubrió el sector del Mercadín, el cual se dio a sí mismo el nombre dé Harca (en árabe vulgar, agrupación temporal militar de voluntarios irregulares). Más tarde, al perderse reservas en septiembre y preverse el recrudecimiento de los ataques por la caída de Gijón y llegada de gran cantidad de armamento a los rojos, se creyó preciso contar con alguna fuerza segura y decidida que, mantenida en reserva hasta el último momento, expulsase de la población a quien lograse penetrar en ella. A este fin se reunieron hasta 160 voluntarios civiles, jóvenes y decididos; ellos mismos se nombraron los mandos. Cumplieron como héroes: murieron todos los mandos, menos uno, y del total, restan 16 hombres.

La defensa de Oviedo no fue, pues, improvisada, sino bien meditada, a la vista de los factores probables, huyendo de esquemas y teorías. Al número y la acometividad ciega se opuso un plan de fuegos a base de numerosas ametralladoras, profundo y elástico. Al ataque simultáneo, se respondió con el máximo desgaste local y el empleo metódico de las reservas, reconstituidas rápidamente. Nunca se ocultó a los combatientes la verdad de la situación y la necesidad de morir en su puesto; pero también conocieron la grandeza de su misión y el valor que tenía su sacrificio para la salvación de España, bastando esto para hacer de cada hombre una roca. La técnica y la preparación triunfaron sobre el número y la acometividad; la fe y el ideal, sobre la materia.

6.-ARTILLERÍA

El acertado empleo de la artillería era fundamental para la defensa. La defensa disponía de siete piezas de montaña, obuses de 105 mm. Como el mejor mando de la propia compensaba el mayor número de la contraria, en los primeros días se hizo de la artillería un empleo marcadamente ofensivo, tomando parte las baterías en las salidas efectuadas y vigilando cuidadosamente el campo enemigo para batir sus obras y fuerzas. Siempre fue gran obstáculo la escasez de municiones, pues los 2.000 disparos únicos de que se disponía representaron poco más de tres por pieza y día de combate; solamente el 12 de octubre se recibieron por vía aérea seis proyectiles, junto con 30000 de fusil.

En un principio, el enemigo procedió con un criterio civil revolucionario, a tirar indistintamente sobre la población, sin objetivo preciso, método ni ritmo. Después, mandos artilleros profesionales rojos prepararon su mejor empleo, llevando para incrementar los ocho cañones de que inicialmente disponían, numerosas piezas de 75 para apoyar los ataques, y de 105 y 155 para bombardeos, agrupándolos esencialmente en dos masas, una de 12 a 20 piezas de 75 en la ladera del Naranco (pues le dieron mal resultado los intentos de artillar la cresta) y otra de 12 a 20 piezas de 105 y 155 hacia la Grandota, meseta de muy fácil acceso desde las carreteras de León y La Felguera. Esto obligó a dividir nuestro grupo, situando una batería en la Cadellada, en vigilancia del sector Este y Sur, y otra en la zona entre la Plaza de Toros y el Depósito de Aguas, para vigilar el Naranco y la Manjoya. Lo reducido del alcance no permitía conservar el grupo reunido en una posición central, y la escasez de municiones y necesidad de conservar las piezas hacía imposible pensar en concentraciones y tiros de detención y destrucción, que tampoco consentía la índole de las piezas. Sin embargo, fue tal la pericia y espíritu De nuestros artilleros, que desde el primer momento se impusieron al enemigo y le hicieron callar en cuanto se mostró al alcance, de manera tan eficaz, que hubo el enemigo de recurrir a continuos cambios de posición, tiros de noche e incluso piezas nómadas montadas en carretas, para conseguir su deseo primordial, que siempre fue arruinar y destruir la población que tanto odiaba.

7.- AVIACIÓN Y DEFENSA ANTIAEREA

Rara vez pudo la Aviación Nacional, tan escasa de material como sobrada de heroísmo, socorrer la plaza. El enemigo realizó impunemente 130 bombardeos, de ellos 70 en la población, empleando de 11 a 12 aviones y, generalmente, por el método de relevos, que le permitía prolongar los ataques hasta trece horas; en varias ocasiones, y preferentemente de noche, arrojó líquidos inflamables, por mezcla al romperse los envases, causando incendios de consideración que la falta de agua hacía de difícil extinción. En total, recibió Oviedo 120.000 proyectiles de cañón y 10.000 de avión.

La defensa antiaérea se realizó a base de ametralladoras corrientes de infantería instaladas en azoteas elevadas dentro de la población y en pozos en las posiciones. El efecto fue obligar al enemigo a volar por encima de los 2.000 metros, y aun parece le produjo alguna pérdida. Caso curioso fue el empleo antiaéreo de una batería de obuses de montaña de 105, que desde la Plaza de Toros hizo retroceder muy de prisa a una patrulla de aviones rojos que, según su costumbre, entraban por la vertical de la Cadellada a bombardear la Plaza. En estas condiciones, la Plaza estuvo realmente indefensa y a merced de la Aviación roja.

Los efectos en la población fueron muy penosos, pues si bien no se produjeron grandes perforaciones, el bombardeo continuado dio lugar a gran número de bajas. Solamente una bomba de 50 kilogramos perforó el tejado y tres plantas del Cuartel de Pelayo, y estalló en el calabozo, donde perecieron todos los presos.

8.- DESARROLLO DE LA DEFENSA

La defensa de Oviedo tuvo dos actuaciones bien marcadas: una, del 20 de julio al 8 de agosto, en la que predominó la acción ofensiva, y otra del 8 de agosto al 17 de octubre, marcadamente defensiva, sin perjuicio de reacciones ofensivas limitadas.

Acción ofensiva. Medios iniciales del enemigo: 3.000 a 4.000 hombres, buenos combatientes, con un principio de organización y algunos Jefes y Oficiales profesionales, armados todos con fusiles y pistolas. ametralladoras y disponiendo de ocho obuses de montaña de 105 mm., un obús de 155 mm. y dos cañones de 75 mm., con abundantes municiones; 15 a 20 ametralladoras y 12 morteros de 50 mm., todo ello procedente de Trubia.

Los contingentes movilizables por el enemigo en Asturias ascendían a 15.000 o 20.000 hombres en la zona minera y otros tantos en el resto de la provincia, masas, especialmente la primera, que si lograba armamento suficiente, podía dirigirse en marcha arrolladora sobre León y Valladolid, haciendo muy difícil la situación de las fuerzas nacionales que salieron de Navarra y Burgos y estaban paralizadas en la región del Guadarrama; además, de ser ocupados León y Astorga por los rojos, pudo haber sido otra la suerte de Galicia, ya que fueron precisos ocho o diez días para extinguir en ella los focos enemigos. Por estas razones, aunque la finalidad principal fuese defender el armamento y demás recursos existentes en Oviedo, era indispensable atraer a las masas rojas y evitar a toda costa su marcha hacia el Sur, pues el armamento podía llegarles de Santander, Bilbao o San Sebastián, que estaban en su poder. La guarnición de Gijón, en su heroica defensa de los cuarteles, atrajo, además de las masas de Gijón, algunos elementos de La Felguera. Para retener las restantes, buscar enlace con Trubia y Gijón y recoger elementos para organizar la defensa de Oviedo, se realizaron diversas ofensivas; la primera tuvo lugar el 22 de julio sobre el aeródromo de Llanera, para inutilizar los aparatos allí existentes y reforzar la defensa de la fábrica de pólvoras de Cayés, lográndose todo ello; los días 23 y 24 se continuó la acción sobre Cayés, para evacuar la gran cantidad de familias allí refugiadas y tantear el camino de Avilés, chocando con posiciones organizadas por el enemigo sobre la carretera de Avilés en Llanera, a la entrada del collado de Santofirme; el 26 se efectuó un reconocimiento por la carretera de Gijón hasta el collado de Truvia (Venta del Jamón), hallándolo vigilado por fuerzas rojas, que al ser atacadas fueron rápidamente reforzadas desde Gijón; el 29 se reconoció la carretera de Santander hasta más allá de Colloto, atacando fuerzas enemigas atrincheradas, que se replegaron sobre posiciones cerca de Noreña; el día 31 se reconocieron las fuerzas rojas situadas sobre la carretera de La Coruña y la que por la Argañosa va a San Claudio y Escamplero, sosteniendo fuerte combate, que ocasionó cinco bajas de Oficial y 70 de tropa. El día 3 de agosto se ocupó el Depósito de Aguas de Vitoria, en la falda del Naranco; el 4 se abasteció a la fuerza del puesto avanzado de Lugones y el 8 se realizó una difícil operación para retirarlo, combatiendo para ello doce horas. Oviedo quedaba con esto totalmente cercado, pues a cada acción ofensiva el enemigo respondía trayendo nuevos contingentes armados y cavando furiosamente líneas de circunvalación. El día 8 de agosto los contingentes rojos ascendían ya a 6.ooo o 7.000 hombres. El enemigo era por segunda vez engañado, y el objetivo esencial de la ocupación de Oviedo estaba conseguido, ya que las fuerzas de León contenían bien a las fuerzas rojas asturianas situadas en la divisoria. Castilla estaba salvada, pues las dos pequeñas columnas rojas (2.000 hombres) que salieron de Oviedo el día 18, estaban ya el 20 de julio de regreso en Trubia; Galicia, en fin, podía organizar y desarrollar su acción ofensiva sobre Asturias, que comenzó el 3 de agosto con efectivos de unos 1.000 hombres.

Acción defensiva. El tiempo que Oviedo podía resistir el alud minero era función de los recursos en armamento que pudieran reunir los rojos y del tiempo que tardasen en organizar su empleo por sus 15.ooo a 20.000 hombres de buena infantería. Los recursos propios de la defensa no podían ser aumentados; de manera que, una vez terminada por la fuerza de las circunstancias la posible acción ofensiva, era indispensable lograr su conservación el mayor tiempo posible, que, dados los recursos en víveres, agua y municiones disponibles, se juzgó podía llegar como máximo a dos meses, y así se participó al General Mola, tiempo que se esperaba fuera suficiente para organizar las fuerzas del Movimiento y acudir en socorro de Oviedo. Para ello se siguió el criterio siguiente:

1º Alejar las fuerzas de la población lo indispensable para disminuir el efecto de la artillería, aviación, explosivos e incendios. Esto permitiría emplear con su máxima eficacia las ametralladoras disponibles y evitaría en lo posible el roce de las fuerzas propias con la masa roja de la población.

2.º Mezclar los distintos elementos de las fuerzas propia, para evitar fallos y mejorar el nivel técnico de los movilizados.

3º Conservar una reserva entre la mitad y un tercio del total, compuesta de las fuerzas más selectas.

4º Crear aquellos servicios militares de que se carecía o se estaba muy escaso, como Zapadores, Intendencia y Transportes. Una novedad del sitio fue la organización de patrullas de dinamiteros encargados de coadyuvar a la defensa próxima de las posiciones avanzadas, más que por su efecto material, para evita que la moral de las fuerzas propias padeciese con el empleo irracional de la dinamita de que se jactaban los mineros y que, dicho sea de paso, en campo abierto no les servía de nada.

5º Organización y militarización de todos los servicios civiles. Racionamiento. Protección de la población civil. Defensa de la propiedad. Defensa pasiva contra bombardeos e incendios.

6º Vigilancia en la población de fuertes núcleos rojos presentes en ella y, aunque con pocas armas, muy peligrosos.

7º Organización de los Servicios de información exteriores e interiores.

9.- ACTUACIÓN DE LA DEFENSA

1º Del 19 de julio al 9 de agosto. Las fuerzas retardan cuanto pueden el cerco, atacan el mayor número posible de contingentes enemigos y organizan la defensa de la ciudad.

2º Del 9 de agosto al 4 de septiembre. El enemigo completa el cerco, organiza sus fuerzas, recibe numeroso armamento y realiza multitud de ataques sobre las líneas, pero aisladamente. Actúa la Aviación roja eficaz mente sobre la población. La defensa ensancha sus líneas en los salientes para organizarlos en profundidad, y va cubriendo los entrantes ante la presión enemiga.

3º Desde el 4 de septiembre hasta el 5 de octubre. La caída de Gijón permite al enemigo disponer de todas sus fuerzas; aumenta la artillería y armamento rojos, que con la Aviación castigan las líneas y la población sin cesar. Se producen ataques en frentes amplios. La guarnición tiene 500 bajas.

4º Del 5 al 17 de octubre. El enemigo se decide al asalto final. Aparece la dirección técnica de la artillería roja, que se emplea en masa, preparando los ataques. Estos se suceden durante siete días casi sin interrupción en dos sectores, Canto y Cementerio. Las posiciones que dan enterradas y los efectivos propios disminuyen de manera vertiginosa, lo que imposibilita la conservación integral de la línea; la defensa se repliega paso a paso hacia el casco de la población, llegando sus bajas a 16oo. El enemigo derrocha municiones, carros blindados, líquidos incendiarios y dinamita; los últimos restos de la defensa se preparan a morir luchando en cinco reductos de la población. El día 14, la lucha decrece: las fuerzas de socorro procedentes de Galicia, reforzadas, atacan furiosamente Escamplero y atraen la atención de los rojos, que han sufrido 8.ooo bajas estos días frente a Oviedo y no disponen ya de tropas de choque para sostener los dos frentes, aunque insisten en penetrar en Oviedo. El día 17, una columna, antes de que llegue el socorro, salta el Nora y ocupa el Naranco. Un grupo de tres Compañías penetra al anochecer en Oviedo. El sitio ha terminado. Las bajas han sido 14.000 en los rojos, para un efectivo total de 26.000 a 30.000 hombres. La guarnición de Oviedo, que tuvo inicialmente 2.200 hombres y aumentó en 3000 más durante, el sitio, tuvo 2.300 bajas. La población civil, unos 1.000 de bombardeos y unos 1000 de tifus y otras enfermedades.

10.- OSCILACIONES DE LA LINEA

La línea quedó constituida definitivamente, el 23 de agosto, después de nuestros avances en el Compón, Fetoria y Ventanielles (aunque el 23 de septiembre se ocupó aún el saliente de Abuli para cortar el flanqueo de, la Cadellada) manteniéndose absolutamente su integridad hasta el 8 de octubre, en que tras cinco días de lucha se evacuó la posición del Canto. El 9, la pérdida del Canto y la infiltración en la Argañosa obligan a replegar el Campón, primero al primitivo frente del Depósito de Aguas, y luego al Asilo del Fresno y Plaza de Toros. El 10, los ataques a la Manjoya, Malateria y Catalanés obligan a replegar las posiciones de San Esteban y el Cementerio al Caño del Águila y línea de Villafría. El 12 es preciso ordenar un repliegue general, lento y escalonado, sobre el casco de la población, excepto en el sector de Cadellada, donde se conservan las posiciones de la loma de Pando y casa de Velarde. Desde el 13 al 17, la lucha es cara a cara, a base de dinamita por ambas partes, pues la plaza carece ya de municiones para las ametralladoras, recibiéndose el 14 por avión 30.000 cartuchos, o sea 50: por hombre. El espíritu es tan excelente, el orden tan perfecto y el enemigo está tan castigado, que las posiciones se evacuaron siempre de noche con la totalidad del material, y el enemigo no entró en ellas hasta avanzada la mañana siguiente. Como no hay ya recursos, salen de los hospitales los heridos menos graves y se instalan como defensores en los reductos. Cuando el 17 de octubre, a las diez y ocho horas, entró en la Plaza la primer fuerza de socorro, la guarnición la cedió su comida y se negó a ser relevada.

Deliberadamente se han omitido nombres propios. Fue tan general y maravilloso el espíritu de los defensores, tan espontáneo y ferviente su sacrificio, que sentirían todos como una ofensa citaciones y preferencias, por otra parte casi imposibles de establecer. Como siempre, cayeron los mejores. Ni España ni su Jefe los olvidan.

¡Paz  a  sus  restos  y  honor  a  su  memoria!

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