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Guardias civiles asesinados por ETA

ENERO-Guardias civiles asesinados por ETA

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 ENERO: Guardias civiles asesinados por la banda terrorista ETA

Antonio Ramírez Gallardo guardia civil y su novia Hortensia González Ruiz, asesinados por ETA el 06 de enero de 1979

01-antonio-ramirezIN MEMORIAM

El sábado 6 de enero de 1979, el guardia civil ANTONIO RAMÍREZ GALLARDO y su novia, HORTENSIA GONZÁLEZ RUIZ, fueron ametrallados en torno a las tres menos cuarto de la madrugada por miembros de la banda terrorista ETA cuando se encontraban en el interior de un automóvil en la localidad guipuzcoana de Beasain.

La pareja acababa de salir de una sala de fiestas y se dirigían a sus domicilios cuando detuvieron el coche en un stop, tras recorrer apenas doscientos metros. En ese momento dos terroristas, que se habían colocado en los laterales del mismo, los ametrallaron, vaciando los cargadores de sus armas en una acción que duró apenas unos segundos. La pareja murió en el acto: Antonio recibió ocho impactos de bala y Hortensia diez.

El cuerpo de Antonio se desplomó sobre el claxon, que estuvo sonando durante casi media hora, pues nadie se acercó a socorrerles pese a que eran muchas las personas que en esos momentos salían de la sala de fiestas. Este hecho fue denunciado en el comunicado de condena que emitió la Consejería de Interior del Consejo General vasco, en el que se leía textualmente "Ante la muerte, casi a diario, ante el derramamiento de sangre al que estamos asistiendo, existe una responsabilidad colectiva para tratar de superar esta grave situación, ya que no caben inhibiciones ni silencios".

Los cuerpos sin vida de Antonio Ramírez y Hortensia González fueron finalmente trasladados por tres jóvenes, con conocimientos sobre primeros auxilios, que pasaban por el lugar, a la clínica San Miguel de Beasain, donde ingresaron cadáveres. Una vez certificada su muerte, fueron conducidos al Hospital Militar de San Sebastián, en donde quedó instalada la capilla ardiente.

Los autores del doble asesinato huyeron en un automóvil que habían dejado en las proximidades del lugar de los hechos en el que les esperaba un tercer terrorista. El vehículo había sido robado una hora antes a una pareja de jóvenes a los que habían dejado maniatados y amordazados en las proximidades del cementerio de Beasain.

En el lugar del atentado la Guardia Civil recogió quince casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum, marca SF-74, y un cartucho de revólver. Vecinos que oyeron el fuego de metralleta aseguraron que, al menos, se produjeron de cuarenta a sesenta detonaciones.

A las cinco y cuarto de la tarde del mismo 6 de enero, con prohibición expresa de entrada a los periodistas, se celebró en el Hospital Militar el funeral por las víctimas, al que asistieron las máximas autoridades militares y civiles de la provincia, así como varios cientos de compañeros y amigos de las víctimas. La ceremonia estuvo rodeada de grandes medidas de seguridad, en las que participaron soldados del Ejército, guardias civiles y policías armados. El gobernador civil de Guipúzcoa, por recomendación expresa de uno de sus subordinados, permaneció en el interior del Hospital Militar hasta que se despejaron los alrededores del edificio.

Al finalizar el acto religioso se dieron vivas a la Guardia Civil y algunas personas calificaron de ineptas a las autoridades presentes. Los féretros, cubiertos por la bandera española y un tricornio encima del de Antonio Ramírez, fueron despedidos con aplausos mientras eran introducidos en los furgones en los que emprendieron viaje hacia Tarifa y San Roque, en la provincia de Cádiz, para ser enterrados.

Hortensia González Ruiz tenía 20 años. Se encontraba pasando unos días de vacaciones en casa de una hermana casada con un guardia civil de la Agrupación de Tráfico destinado en Villafranca de Ordicia. Ahí también estaba destinado Antonio, su novio. Hortensia fue la primera mujer víctima de ETA por tener vinculación personal con un miembro de las fuerzas de seguridad. Pero no se trató de un accidente o error, ya que los terroristas dispararon contra Hortensia dos disparos más que contra su novio. El asesinato de Hortensia provocó una gran conmoción y a sus funerales en San Roque asistieron unas 12.000 personas.

Antonio Ramírez Gallardo, guardia civil de 24 años, era compañero del cuñado de Hortensia. Antonio llevaba tres años destinado en el puesto de la Guardia Civil de Villafranca de Ordicia. La pareja tenía pensado contraer matrimonio en breve.


 

Sebastian Arroyo González, guardia civil retirado, asesinado por ETA el 9 de enero de 1980

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El 9 de enero de 1980 fallece SEBASTIÁN ARROYO GONZÁLEZ, que el día anterior fue ametrallado cuando se dirigía en su vehículo a su domicilio desde la empresa en la que trabajaba en Alsasua. Como consecuencia del ametrallamiento, realizado desde otro coche en marcha en el que viajaban varios terroristas, Sebastián perdió el control de su vehículo y se salió de la calzada. Había sido alcanzado por seis disparos en el hígado, el abdomen, un pulmón, muslo y brazo derechos.

Tras recibir las primeras curas en la casa de socorro de Alsasua, fue trasladado al Hospital de Navarra. El equipo quirúrgico intervino a Sebastián durante casi ocho horas, y se le tuvieron que hacer veinticuatro transfusiones de sangre. Poco después de las diez de la mañana fallecía a causa de una insuficiencia renal aguda por necrosis.

Por este atentado sólo fue condenado -por realizar labores de vigilancia sobre la víctima- Jesús Razquin Mendinueta a un año de prisión menor y a indemnizar con 8 millones de pesetas a la familia.

Sebastián Arroyo González, guardia civil retirado de 53 años, era natural de la localidad de Sobradillo (Salamanca). Desde hacía diez años trabajaba en la empresa Igartex, dedicada a la fabricación de guantes. Estaba casado y tenía cuatro hijos.


Ciriaco Sanz García, guardia civil asesinado por ETA el 9 de enero de 1979

03-Sanz GarcíaIN MEMORIAM

En la tarde del 9 de enero de 1979 fallece el guardia civil CIRIACO SANZ GARCÍA, como consecuencia del atentado sufrido cuatro días antes, el 5 de enero. Sanz García recibió varias ráfagas de ametralladora que le dispararon desde un vehículo Seat cuando salía de su domicilio en torno a las dos de la tarde. El agente se tiró al suelo para tratar de esquivar los disparos. La primera persona que lo atendió fue una de sus hijas, que se encontró a Ciriaco tendido en mitad de un gran charco de sangre.

El conductor de la ambulancia municipal que trasladó a Ciriaco Sanz a la Ciudad Sanitaria de Cruces manifestó que, antes de perder el conocimiento, éste le comentó: "Me he salvado porque me he tirado al suelo en el momento en que me dispararon". Sin embargo, su estado fue calificado de grave por los médicos que lo atendieron. La víctima presentaba heridas múltiples por arma de fuego en ambos glúteos y piernas, además de shock hipovolémico provocado por la hemorragia. Falleció en la tarde del 9 de enero de 1979.

Ciriaco Sanz García, de 50 años, era natural de la localidad de Santa Inés, en la provincia de Burgos. Estaba casado y tenía cuatro hijos, uno de ellos también guardia civil destinado en el mismo cuartel que el padre. Residía en Llodio desde hacía veintisiete años donde era una persona muy conocida.


 

José Carlos Marrero Sanabria, guardia civil asesinado por ETA el 10 de enero de 1988

04-Marrero SanabriaIN MEMORIAM

El 10 de enero de 1988 se suicida en un centro psiquiátrico de Las Palmas de Gran Canaria el guardia civil JOSE CARLOS MARRERO SANABRIA. Diecinueve meses antes, el 28 de junio de 1986, José Carlos había resultado gravemente herido en un atentado contra los Grupos Antiterroristas Rurales de la Guardia Civil en Zarauz (Guipúzcoa). En el atentado falleció en el acto su compañero Francisco Muriel Muñoz y el agente Marrero Sanabria sufrió una insuficiencia respiratoria y un shock traumático que le provocaron una grave lesión cerebral. Debido a las secuelas que le dejó la lesión cerebral fue ingresado en un centro psiquiátrico de Las Palmas de Gran Canaria, de donde era natural.

El 10 de enero de 1988, aprovechando la visita que le hacía un compañero guardia civil, le arrebató la pistola reglamentaria y se suicidó de un tiro en la boca. "Estaba muy mal. Quedó en muy malas condiciones y no pudo superarlo", recordaba años después su madre Rita María Sanabria.

En 1989 la Audiencia Nacional condenó a José María Pérez Díaz y a José Antonio López Ruiz, alias Kubati, a sendas penas de 197 años como autores materiales del atentado. En el mismo fallo fue condenada Begoña Uzcudun Echenagusia, como autora en grado de encubrimiento. En 1993 fue condenado José Ignacio Urdiain Ciriza y en 1999 Miguel Azcue Berasaluce, ambos como autores materiales y a las mismas penas que Pérez Díaz y López Ruiz. Begoña Uzcudun quedó libre en enero de 2006, cuando su excarcelación estaba prevista para 2008, beneficiada por la redención de condenas unos meses antes de que se empezase a aplicar la llamada doctrina Parot. A José Antonio López Ruiz, Kubati, y José Ignacio Urdiain Ciriza sí se les ha aplicado la doctrina Parot, y no saldrán de prisión hasta 2017 y 2019 respectivamente.

José Carlos Marrero Sanabria tenía 28 años. Era muy deportista, intrépido y amante de la naturaleza. Se había preparado en la academia de Úbeda (Jaén) y, con 23 años, ingresó en la Guardia Civil, donde su carrera fue imparable. Sus compañeros lo recuerdan como un hombre muy preparado, dispuesto desde el primer momento a dar su vida para acabar con el terrorismo etarra. Su forma de ser abierta y extravertida le había permitido granjearse la amistad de muchos de los residentes en los caseríos del País Vasco


 

Francisco Gómez Gómez-Jiménez y Miguel García Poyo, guardias civiles asesinados por ETA el 13 de enero de 1979

05-Francisco Gómez Gómez-Jiménez y Miguel García PoyoIN MEMORIAM

A las tres de la mañana del sábado 13 de enero de 1979, ETA asesinaba en la localidad guipuzcoana de Azpeitia a los guardias civiles FRANCISCO GÓMEZ GÓMEZ-JIMÉNEZ y MIGUEL GARCÍA POYO mediante la explosión de dos bombas. Un compañero de ambos, Francisco Mota Calvo, falleció dos días después.

A las tres de la mañana de ese sábado, el etarra José María Zaldúa Corta accionó a distancia un potente artefacto por medio de un sistema eléctrico conectado a unas pilas y ciento cincuenta metros de cable que se extendían por el monte. El artefacto estaba adosado al talud derecho de la carretera y la explosión, que se produjo al paso de dos Land Rover de la Guardia Civil por la carretera que une el santuario de Loyola y la población de Azpeitia, destrozó la parte delantera del segundo de los dos vehículos, lanzándolo fuera de la calzada a una distancia aproximada de quince metros.

A consecuencia de la deflagración, en la que los terroristas utilizaron entre cinco y diez kilos de Goma-2 y abundante tornillería que actuó como metralla, perdió la vida en el acto el guardia civil Francisco Gómez Gómez-Jiménez, que llevaba tres años en el Cuerpo, y quedó gravemente herido su compañero, también guardia civil, Juan Muñiz Sánchez, de 28 años y natural de Baeza (Jaén). Muñiz Sánchez fue ingresado en la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Aránzazu de San Sebastián y tardaría casi quince meses en curar sus heridas.

Cuatro horas después, en torno a las siete de la mañana de ese mismo día, un grupo de guardias civiles, entre los que se encontraban miembros del Equipo de Desactivación de Explosivos de la Comandancia de la Guardia Civil de Guipúzcoa, procedía a analizar el mecanismo del artefacto utilizado en el atentado. Durante la inspección observaron un paquete sospechoso que, al parecer, estaba conectado al detonante de la primera carga. Al manipularlo hizo explosión, provocando una nueva víctima mortal, el agente de la Benemérita Miguel García Poyo, e hiriendo gravemente al guardia civil, Técnico Especialista en Desactivación de Artefactos Explosivos (TEDAX), Francisco Mota Calvo. Este agente fallecería dos días después al no poder superar la gravedad de las heridas. La proximidad de ambas cargas hizo pensar inicialmente que se había tratado de una trampa de la banda terrorista. Sin embargo, lo más probable es que se hubiese producido un fallo en el mecanismo de activación por lo que, en un principio, ambos artefactos hubieran tenido que explotar al mismo tiempo.

Por este atentado fueron condenados en 1995 los miembros de ETA Mercedes Galdós Arsuaga y Félix Ramón Gil Ostoaga a 29 años por la muerte de los tres agentes de la Guardia Civil, y a otros 22 años por el asesinato frustrado de Juan Muñiz Sánchez.

También participó en este atentado el etarra José María Zaldúa Corta. Miembro de la banda terrorista desde antes de 1977, tras la amnistía se reintegró en la misma, participando en múltiples atentados. En septiembre de 1982 fue detenido en Francia mientras realizaba prácticas de tiro con otros dos miembros de la banda terrorista en Saint-Etienne de Baigorry, pero fue puesto en libertad tres meses después, bajo control judicial. Las Fuerzas de Seguridad creen que estuvo en Argelia y, posteriormente, en Uruguay. En septiembre de 1992 fue detenido de nuevo en Francia y juzgado en Bayona por tenencia ilícita de armas. Un mes después, fue puesto en libertad.

El 18 de abril de 2002 fue nuevamente detenido en Ciboure, cerca de San Juan de Luz, por una orden de detención internacional por asesinato y posesión de armas desde 1986, e ingresó en la cárcel de Gradignan. Sin embargo, el día 30 de mayo de 2002 Zaldúa Corta fue puesto en libertad al considerar un tribunal de Pau que había prescrito el primero de los delitos por el que se pedía su extradición a España. Contra él existían otras siete órdenes internacionales de detención, pero el tribunal francés no fue informado de ninguna de ellas. Fuentes españolas sostienen que las órdenes habían sido tramitadas en tiempo y forma pero, al parecer por un error informático, sólo constaba una, precisamente la que el tribunal rechazó. Las autoridades españolas hicieron ver al Ministerio de Justicia en París el error cometido. El 1 de junio de 2002 la Policía francesa recibió orden de detenerlo de nuevo pero el terrorista logró huir. En mayo de 2003 se publicó en los medios de comunicación que Zaldúa Corta había abandonado ETA por "cansancio".

El 8 de agosto de 2007 agentes de la Policía Judicial francesa detuvieron en la localidad vasco francesa de Hasparren a la mujer de Zaldúa Corta, Lourdes Garay, para intentar averiguar su paradero. El etarra había abandonado en el Pirineo al hijo de su pareja, de 13 años, para darse a la fuga después de confundir a un grupo de excursionistas con policías. El 2 de agosto, por la noche, un pastor francés encontró al niño con signos de estar desorientado y perdido en la zona de El Portalet, cercana a la frontera española y a la localidad oscense de Sallent de Gallego.

A principios de 2010 fue identificado por dos antiguos miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) como uno de los etarras que había estado en campamentos del grupo terrorista colombiano impartiendo cursos de instrucción a miembros del mismo. José María Zaldúa Corta falleció finalmente el 22 de septiembre de 2010 de un infarto en la localidad francesa de Aix-en-Provence mientras circulaba en bicicleta. Sus crímenes quedaron impunes.

Francisco Gómez Gómez-Jiménez, tenía 29 años, estaba casado y dejaba huérfanos a dos hijos.

Miguel García Poyo, de 29 años de edad, estaba también casado y tenía tres hijos.



Francisco Moya Jiménez, guardia civil asesinado por ETA el 14 de enero de 1980

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Hacia las tres de la tarde del 14 de enero de 1980, tres terroristas de ETA asesinaban a tiros en Elorrio al guardia civil FRANCISCO MOYA JIMÉNEZ, a cuatrocientos metros de la casa cuartel de esa localidad vizcaína.

Los pistoleros habían descendido de un vehículo -robado con anterioridad en la población de Vergara- y efectuaron a cara descubierta varios disparos de pistola sobre la víctima y una ráfaga de metralleta, según relataron testigos presenciales. Francisco recibió catorce impactos de bala y murió en el acto.

Su esposa, que venia de realizar unas compras, encontró tendido en el suelo el cuerpo de Francisco Moya sin vida, en medio de un gran charco de sangre. Varios compañeros del guardia civil se la llevaron del lugar sollozando y víctima de un ataque de nervios.

Francisco Moya Jiménez, de 42 años, estaba casado y tenía tres hijos: un chico de 18 años y dos niñas de 10 y 3 años. Estaba destinado desde hacía siete años en Elorrio. Al parecer pensaba abandonar el País Vasco, tras haber recibido amenazas, y había comprado un piso en otra ciudad.


Francisco Mota Calvo, guardia civil asesinado por ETA el 15 de enero de 1979

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El 15 de enero de 1979, dos días después del doble atentado de Azpeitia que costó la vida a Francisco Gómez Gómez-Jiménez y a Miguel García Poyo, fallecía el guardia civil FRANCISCO MOTA CALVO. Lo hacía a las cinco y media de la tarde en la Residencia Nuestra Señora de Aránzazu.

La proximidad de ambas cargas -la que hicieron estallar al paso de la patrulla de la Guardia Civil, que provocó la muerte de Francisco Gómez Gómez-Jiménez, y la segunda que estalló cuando iban a desactivar horas después lo que parecía un paquete sospechoso, que mató en el acto a Miguel García Poyo- hizo pensar a los investigadores en un fallo del mecanismo de activación por el que, en un principio, ambos artefactos hubieran tenido que explotar al mismo tiempo al paso de los dos Land Rover -uno con cuatro agentes y otro con dos- por la carretera que une Azpeitia y Azcoitia.

Por este atentado fueron condenados en 1995 los miembros de ETA Mercedes Galdós Arsuaga y Félix Ramón Gil Ostoaga a 29 años por la muerte de los tres agentes de la Guardia Civil, y a otros 22 años por el asesinato frustrado de Juan Muñiz Sánchez, que resultó gravemente herido en la primera explosión, la que acabó con la vida de Francisco Gómez Gómez-Jiménez.

Francisco Mota Calvo, de 29 años, estaba casado y tenía dos hijos. ETA dejó huérfanos a siete niños con este atentado: los dos de Francisco, los tres de Miguel García Poyo y los dos de Francisco Gómez Gómez-Jiménez.


 

Manuel Vergara Jimémez, guardia civil asesinado por ETA el 17 de enero de 1976

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En 1976 ETA asesinó a 17 personas. El primero de ellos, el guardia civil MANUEL VERGARA JIMÉNEZ. Eran las cuatro menos cuarto de la tarde del sábado 17 de enero de 1976. Manuel Vergara Jiménez viajaba en un Land Rover que formaba parte de una patrulla compuesta por un cabo y varios números de la Guardia Civil. Durante el rutinario recorrido de vigilancia, observaron una ikurriña sujeta con un mástil, situada en una loma sobre un túnel entre Villafranca de Ordicia y Beasaín. Apenas tres meses antes tres guardias civiles habían perdido la vida en el santuario de Aránzazu por un procedimiento similar.

Manuel Vergara recorrió los sesenta metros que separaban la carretera del punto donde estaba situada la bandera. Junto a la misma encontró una bomba simulada que fue retirada por el guardia civil tras comprobar que era falsa. A continuación tiró del mástil de la bandera, sin percatarse de que había una carga explosiva enterrada en el suelo y conectada a la ikurriña. La onda expansiva de la explosión lanzó su cuerpo a casi veinte metros de distancia provocando su muerte en el acto. La bomba causó, además, heridas leves a otros dos miembros de la patrulla, entre ellos al cabo jefe de la patrulla que se encontraba junto a Manuel.

Manuel Vergara Jiménez tenía 21 años (cumplía años el 23 de enero). Había ingresado en la Guardia Civil dos años antes, en febrero de 1974, Cerpo al que también pertenecían su padre y su hermano. Llevaba nueve meses destinado en el cuartel de Villafranca de Ordicia.


Felix de Diego Martínez, guardia civil asesinado por ETA el dia 31 de enero de 1979

09-de Diego MartínezIN MEMORIAM

A las 9:30 horas del miércoles 31 de enero de 1979, FÉLIX DE DIEGO MARTÍNEZ se encontraba sentado en el Bar Herrería, propiedad de la familia de su esposa, en la localidad guipuzcoana de Irún. En ese momento dos pistoleros de la banda terrorista ETA entraron en el establecimiento y, sin mediar palabra, dispararon a quemarropa contra él, delante de su mujer, Dolores Echevarría. A continuación huyeron en un vehículo Renault 6 que había sido robado a punta de pistola tras secuestrar a su dueño. Félix fue trasladado al Hospital de la Cruz Roja de Irún, donde ingresó cadáver como consecuencia de las graves heridas causadas por los tres impactos de bala que recibió: uno en el corazón, otro en el vientre y otro en la pierna.

La explicación de la banda fue que era un chivato de la Guardia Civil. Pero Félix no podía ser chivato de la Guardia Civil puesto que él mismo era guardia civil.

El sacerdote Fernando Arburúa Iparraguirre, ATS y capuchino del barrio de Alza de San Sebastián, y los pistoleros que le acompañaban, no supieron que acababan de matar al compañero de Pardines, primer asesinado de forma intencionada por la banda terrorista. En la tarde del viernes 7 de junio de 1968, Félix de Diego Martínez, guardia civil de la Agrupación de Tráfico de San Sebastián, regulaba el tráfico en una zona de obras de la carretera Madrid-Irún, a la altura de Villabona. Su compañero José Pardines Arcay, se encontraba a unos dos kilómetros, al final de la zona de obras. Un camionero que circulaba en sentido contrario dio la voz de alerta y le gritó "¡Han matado a su compañero!". Félix de Diego nunca superó la muerte de Pardines.

Posteriormente, el día 4 de julio de 1974, sufrió un accidente de circulación, en el alto de Etxegarate, cayendo desde una altura de unos sesenta metros. No perdió la vida, pero nunca volvió a recuperar la salud y fue dado de baja para el servicio activo en la Guardia Civil por pérdida de aptitudes psicofísicas. La mala suerte se cebó con el exagente, pues un cáncer de riñón lo mantenía prácticamente impedido.

En octubre de 1981 la Audiencia Nacional condenó por este asesinato al sacerdote capuchino Fernando Arburúa Iparraguirre y a Manuel María Ostolaza Alcocer, como autores del crimen. También fue condenado Luis María de Marcos Olaizola, por asesinato en grado de conspiración.

Félix de Diego Martínez tenía 46 años, estaba casado y era padre de cinco niños entre cinco y once años.


Francisco Díaz de Cerio Gómez, guardia civil asesinado por ETA el 31 de enero de 1991

10-Díaz de CerioIN MEMORIAM

El 31 de enero de 1991 fue asesinado a tiros en el barrio bilbaíno de Ocharcoaga el ex guardia civil FRANCISCO DÍAZ DE CERIO GÓMEZ. Francisco salía de su domicilio en torno a las 7:00 horas para ir a trabajar. Tras recorrer unos metros, un pistolero de ETA se le acercó y le disparó seis tiros a bocajarro que le ocasionaron la muerte en el acto. Para cometer el atentado habían robado un vehículo a un taxista apenas un cuarto de hora antes. Con el taxista en el maletero, se dirigieron a asesinar al ex guardia civil. Tras el asesinato, abandonaron el coche con el taxista dentro en la carretera de Ibarsusi.

Francisco Díaz de Cerio fue miembro de la Guardia Civil de 1974 a 1980, cuando abandonó voluntariamente el Instituto Armado y entró a trabajar en la central nuclear de Lemóniz. Posteriormente se integró en Iberduero, donde realizaba la tarea de lectura de contadores en domicilios particulares. Cuando fue asesinado era miembro activo del sindicato UGT.

Para el asesinato de Francisco Díaz de Cerio Gómez fue esencial la información suministrada por el etarra Juan María San Pedro Blanco, alias Jon. Detenido el 6 de junio de 1991, integrado en el grupo Matalaz de ETA, pasó cuatro años en prisión provisional sin ser juzgado, tras la cual fue puesto en libertad y se dio inmediatamente a la fuga antes de que se celebrase la vista oral en octubre de 1995. La excarcelación de San Pedro Blanco junto a Asier Quintana Zorrozua y Raúl Ángel Fuentes (que también se dieron a la fuga) es uno de los casos más sangrantes de excarcelación motivada por el cumplimiento del plazo máximo de prisión preventiva. San Pedro Blanco fue detenido nuevamente en Francia, el 9 de marzo de 1999, en una operación en la que también fueron apresados otros cinco etarras, entre ellos José Javier Arizcuren Ruiz, alias Kantauri, e Irantze Gallastegui Sodupe. El 19 de enero de 2004 Juan María San Pedro Blanco es entregado por las autoridades francesas a España para ser juzgado por sus múltiples causas.

Francisco Díaz de Cerio Gómez tenía 41 años, estaba casado y tenía dos hijos de 15 y 17 años.

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